Sorprende y rebela que en la Argentina, mientras tanto, los pescadores de los barquitos amarillos sean en cambio duramente reprimidos cuando manifiestan sus reclamos, tal como acaba de ocurrir en la zona de Bahía Blanca. Sorprende y rebela que su protesta legítima ante la contaminación absolutamente ilegal e injustificada que se hace de sus tradicionales aguas de pesca, haya sido objeto de la más dura represión policial. La intransigencia del Estado frente a ellos, el desinterés por escucharlos y por subsidiarlos ante una contaminación debida a la desidia municipal que no controla efluentes, habla bien a las claras de estupidez, de un pensamiento regresivo, pero también, de la complicidad con las empresas, que son las únicas que podrían beneficiarse de la derrota de los pequeños pescadores. El mundo actual y sus ecosistemas, prisioneros de una vorágine de cambios climáticos y amenazado de colapsos ambientales, carece de márgenes para semejante insensatez política que, en su obstinada ceguera ecológica, hipoteca todo futuro para los argentinos. La defensa de los pescadores de costa, su preservación como sector productivo protagonista de procesos sustentables, no es materia de especulación ni de disciplinamiento social. Los barquitos amarillos aportan a la Soberanía Alimentaria y merecen el mayor de los respaldos y el reconocimiento de todos los argentinos.
GRR Grupo de Reflexión Rural
26 de Diciembre de 2009
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